Siempre sentí que los demás deciden por mí, y sin embargo intento de manera abrumadora e incansable diseñar mi propia vida. Pero en la cotidianeidad, deciden por mí, cada quien dispone de mi tiempo y de mis emociones como si fueran propias. Entonces aparece el cuerpo como límite, como frontera... En esa circularidad de la vida me pierdo, me encuentro y vuelvo a perderme.
Tan solo somos títeres, de algún titiritero siniestro que decide sobre nuestras vidas. Quizás si algún día me atrevo a cortar los hilos invisibles, no muero, sino comienza una nueva e interesante aventura por vivir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario